Cuando llega el día de vacunación y un niño presenta congestión nasal, tos o síntomas de resfriado, es común que los padres se pregunten: ¿es mejor vacunarlo o esperar hasta que esté completamente recuperado?
En muchos casos, un resfriado o una enfermedad leve no impiden que un niño reciba sus vacunas. La Academia Americana de Pediatría señala que los niños con enfermedades leves, como resfriado, dolor de oído, fiebre baja o diarrea, a menudo pueden vacunarse. Sin embargo, cuando existe una enfermedad moderada o grave, especialmente acompañada de fiebre alta o deterioro importante del estado general, el profesional de salud puede recomendar posponer temporalmente la vacunación.
La decisión debe realizarse considerando los síntomas, la condición general del niño, sus antecedentes médicos y la vacuna que corresponde administrar.
Generalmente, sí.
Síntomas leves como:
No necesariamente son motivos para retrasar las vacunas programadas.
Una infección respiratoria leve tampoco significa que el sistema inmunitario del niño esté demasiado “ocupado” para responder a una vacuna. Las vacunas están diseñadas para estimular de forma controlada las defensas del organismo y generar protección frente a enfermedades específicas.
Por ello, no es necesario esperar siempre a que desaparezca hasta el último síntoma de un resfriado para continuar con el esquema de vacunación.
Es importante distinguir entre un resfriado común y la influenza o gripe, que puede producir síntomas más intensos.
La gripe puede provocar:
Si el niño presenta únicamente síntomas leves y se encuentra en buen estado general, el pediatra puede determinar que es posible continuar con las vacunas.
En cambio, si está moderada o gravemente enfermo, tiene fiebre alta o presenta un deterioro importante de su estado general, puede ser conveniente esperar hasta que mejore.
Posponer una vacuna durante una enfermedad moderada o grave no significa que la vacuna sea peligrosa para el niño.
Una de las razones para esperar es evitar confundir los síntomas de la enfermedad con posibles efectos secundarios posteriores a la vacunación, como fiebre o malestar.
Además, el profesional necesita valorar primero la enfermedad actual y determinar si requiere algún tratamiento o seguimiento específico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que prácticamente todas las personas pueden vacunarse, pero existen determinadas situaciones en las que una vacuna puede necesitar ser aplazada, entre ellas una enfermedad grave acompañada de fiebre alta.
Antes de acudir a la vacunación, los padres deben informar al personal de salud si el niño presenta:
Estos factores no significan necesariamente que el niño no pueda vacunarse, pero pueden requerir una evaluación individual.
En términos generales, estar recibiendo antibióticos por una enfermedad leve no es por sí mismo una razón para suspender la mayoría de las vacunas.
Lo importante es conocer por qué el niño está tomando el medicamento y cuál es su estado de salud en ese momento.
Por ejemplo, un niño que está tomando antibióticos por una infección leve y está clínicamente bien puede encontrarse en una situación diferente a otro que está recibiendo tratamiento por una infección grave.
Por ello, los padres deben informar al pediatra sobre todos los medicamentos que el niño está utilizando.
Las vacunas protegen a los niños contra enfermedades que pueden ocasionar complicaciones graves, hospitalización, discapacidad e incluso la muerte.
Retrasar innecesariamente una dosis puede prolongar el período durante el cual el niño permanece sin la protección correspondiente.
La OMS destaca que la vacunación es una de las intervenciones de salud pública más eficaces y que actualmente existen vacunas para prevenir más de 30 enfermedades e infecciones potencialmente mortales.
Por esta razón, cuando una enfermedad leve no representa una contraindicación, continuar con el calendario recomendado ayuda a mantener la protección del niño.
Si el pediatra determina que es conveniente esperar hasta que el niño se recupere, es importante reprogramar la vacunación.
Posponer una dosis no significa abandonar el esquema.
El profesional de salud puede revisar el historial de vacunas y determinar cuáles están pendientes y cuándo deben administrarse para poner al niño al día.
Tener un resfriado no debe confundirse con recibir protección contra la influenza.
La OMS considera que la vacunación es la mejor manera de prevenir la gripe y recomienda la vacunación anual contra la influenza para determinados grupos, incluidos los niños de 6 meses a 5 años.
Las recomendaciones específicas pueden variar según el país, la edad, los antecedentes médicos y las vacunas disponibles, por lo que es importante consultar el esquema recomendado por las autoridades sanitarias locales y el pediatra.
Es recomendable consultar antes de la vacunación cuando el niño presenta síntomas importantes o cuando existen dudas sobre su estado de salud.
También debe recibir valoración médica si presenta:
En estos casos, la prioridad será evaluar la enfermedad y determinar posteriormente el momento apropiado para continuar con las vacunas.
¿Tu hijo tiene síntomas de gripe o resfriado y no sabes si puede recibir sus vacunas? Una valoración profesional puede ayudarte a tomar la decisión adecuada.
En Tu Doctor en Guatemala puedes encontrar médicos Especialistas en Pediatría que pueden evaluar el estado de salud de tu hijo, orientarte sobre su esquema de vacunación y resolver tus dudas sobre prevención y cuidado infantil. Consulta con un pediatra y mantén al día la protección de tus hijos.
HealthyChildren.org
Organización Mundial de la Salud (OMS)
