Una rodilla hinchada, rígida o con sensación de presión puede ser señal de un derrame articular, conocido comúnmente como “líquido en la rodilla”. Este problema ocurre cuando se acumula una cantidad excesiva de líquido dentro o alrededor de la articulación, generalmente como respuesta a una lesión, inflamación o enfermedad.
El derrame articular no constituye una enfermedad por sí mismo. Es una manifestación que puede tener diferentes causas, por lo que identificar su origen es fundamental para establecer el tratamiento adecuado y prevenir daños en la articulación.
En condiciones normales, las articulaciones contienen una pequeña cantidad de líquido sinovial, una sustancia que ayuda a lubricarlas, disminuir la fricción y facilitar el movimiento.
Cuando alguna estructura de la rodilla se lesiona o se produce un proceso inflamatorio, la cantidad de líquido puede aumentar. Dependiendo de la causa, la acumulación puede corresponder a líquido sinovial, sangre o, en caso de una infección, material inflamatorio.
Como consecuencia, la rodilla puede aumentar de tamaño y presentar dolor, rigidez o dificultad para moverse.
Existen diferentes situaciones capaces de provocar un derrame articular. Algunas de las más frecuentes son:
Los golpes, caídas, accidentes y movimientos bruscos durante la práctica deportiva pueden lesionar las estructuras internas de la rodilla y desencadenar inflamación.
Entre las lesiones que pueden producir un derrame se encuentran:
Si la inflamación aparece rápidamente después de una lesión, especialmente si existe dolor intenso o dificultad para apoyar la pierna, es importante recibir valoración médica.
La artrosis produce un deterioro progresivo del cartílago que recubre los extremos de los huesos de la articulación.
Como respuesta a la irritación articular, la membrana sinovial puede producir más líquido de lo habitual. Esto puede ocasionar períodos de inflamación acompañados de dolor, rigidez y disminución de la movilidad.
Enfermedades como la artritis reumatoide pueden causar inflamación persistente de las articulaciones.
Cuando la membrana sinovial se inflama, puede aumentar la producción de líquido y generar un derrame. En estos casos también pueden existir molestias en otras articulaciones.
La gota se produce por la acumulación de cristales de ácido úrico dentro de las articulaciones. Aunque es conocida por afectar frecuentemente el dedo gordo del pie, también puede presentarse en la rodilla.
Un ataque de gota puede causar dolor intenso y repentino, inflamación, enrojecimiento y aumento de la temperatura de la articulación.
Otros tipos de cristales, como los relacionados con la enfermedad por depósito de pirofosfato de calcio, también pueden provocar inflamación de la rodilla.
La artritis séptica ocurre cuando microorganismos llegan al interior de una articulación y producen una infección.
Puede provocar:
Una posible infección articular requiere atención médica urgente, debido a que puede producir daño en el cartílago y otras complicaciones si no recibe tratamiento oportuno.
Las actividades físicas repetitivas o demasiado intensas pueden irritar temporalmente las estructuras de la rodilla.
Esto puede ocurrir después de aumentar bruscamente la intensidad del entrenamiento, realizar movimientos repetitivos o someter la articulación a esfuerzos para los que no estaba preparada.
Además del aumento visible del tamaño de la rodilla, un derrame articular puede ocasionar:
Los síntomas pueden aparecer repentinamente o desarrollarse de manera progresiva dependiendo de la causa.
El especialista comenzará evaluando los síntomas, antecedentes médicos y posibles lesiones recientes. Posteriormente realizará una exploración física para determinar el grado de inflamación, movilidad y estabilidad de la articulación.
Según cada caso, pueden solicitarse estudios como:
Permite observar los huesos de la rodilla y detectar fracturas, alteraciones estructurales o cambios relacionados con la artrosis.
Puede ayudar a identificar la presencia y localización del líquido, además de evaluar determinadas estructuras alrededor de la articulación.
Ofrece imágenes detalladas de estructuras como meniscos, ligamentos, cartílago y tendones, por lo que puede ser especialmente útil cuando se sospecha una lesión interna.
En algunos pacientes puede ser necesario realizar una artrocentesis, procedimiento mediante el cual el médico introduce una aguja estéril en la articulación para extraer una muestra del líquido acumulado.
Su análisis puede ayudar a determinar si existen:
La extracción del líquido también puede disminuir la presión y aliviar temporalmente las molestias en algunos casos. Sin embargo, es necesario tratar la causa que produjo el derrame para reducir el riesgo de que vuelva a aparecer.
El tratamiento depende del origen del problema. Por esta razón, no existe una única solución para todos los pacientes.
Según el diagnóstico, el especialista puede recomendar:
No es recomendable automedicarse ni intentar drenar el líquido por cuenta propia. El tratamiento debe establecerse después de determinar por qué se está produciendo la acumulación.
No todos los casos son prevenibles, pero algunas medidas pueden ayudar a proteger las rodillas:
También es importante prestar atención a episodios repetidos de inflamación. Si la rodilla acumula líquido constantemente, es recomendable investigar la causa.
Es conveniente solicitar una valoración cuando la inflamación no mejora, aparece repetidamente o dificulta las actividades habituales.
Se debe buscar atención especialmente si:
Si además de la inflamación existe fiebre, dolor intenso, enrojecimiento o una rodilla notablemente caliente, es importante recibir atención médica inmediata para descartar una infección.
¿Presentas inflamación, dolor, rigidez o episodios frecuentes de líquido en la rodilla? Una evaluación especializada puede ayudarte a conocer la causa y recibir el tratamiento apropiado.
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Sociedad Española de Reumatología (SER)
Clínica Universidad de Navarra
