La hidrocefalia es una condición médica caracterizada por la acumulación anormal de líquido cefalorraquídeo (LCR) dentro de los ventrículos del cerebro. Esta acumulación provoca un aumento de la presión intracraneal, lo cual puede generar daños en el tejido cerebral si no se trata oportunamente.
El líquido cefalorraquídeo tiene funciones esenciales: proteger el cerebro, transportar nutrientes y eliminar desechos. Cuando su circulación o absorción se ve afectada, el líquido se acumula, originando hidrocefalia.
Esta condición puede presentarse en recién nacidos, niños, adultos y personas mayores, y sus causas y manifestaciones varían según la edad.
Tipos de hidrocefalia
Existen diferentes formas de clasificar la hidrocefalia. Las más comunes son:
1. Hidrocefalia congénita
Presente desde el nacimiento. Puede deberse a malformaciones cerebrales, infecciones durante el embarazo o factores genéticos.
2. Hidrocefalia adquirida
Ocurre después del nacimiento. Puede deberse a tumores, hemorragias, traumatismos, infecciones cerebrales o secuelas de cirugías.
3. Hidrocefalia comunicante
El LCR puede salir de los ventrículos, pero no se absorbe correctamente en el torrente sanguíneo.
4. Hidrocefalia no comunicante (u obstructiva)
Una obstrucción física impide que el LCR fluya entre los ventrículos.
5. Hidrocefalia normotensiva del adulto mayor
Se presenta principalmente en personas mayores de 60 años. Sus síntomas suelen confundirse con demencia, trastornos de la marcha o incontinencia urinaria.
Síntomas según la edad
En bebés
- Aumento rápido del tamaño de la cabeza
- Fontanelas (molleras) abultadas
- Irritabilidad o sueño excesivo
- Ojos desviados hacia abajo (signo del “sol naciente”)
- Vómitos y convulsiones
En niños
- Dolor de cabeza persistente
- Problemas para caminar
- Cambios en la conducta o el rendimiento escolar
- Náuseas, vómitos y visión borrosa
En adultos
- Dolor de cabeza
- Problemas de equilibrio
- Dificultad para concentrarse o pérdida de memoria
- Incontinencia urinaria (especialmente en adultos mayores)
La presencia de estos síntomas requiere evaluación neurológica inmediata, ya que un tratamiento temprano mejora significativamente el pronóstico.
Diagnóstico y tratamiento
Para diagnosticar la hidrocefalia se utilizan estudios como ecografía cerebral (en bebés), tomografía (TAC) y resonancia magnética (RM).
El tratamiento más común es la colocación de una derivación (shunt), un sistema que redirige el LCR hacia otra parte del cuerpo para su absorción.
Otra opción quirúrgica es la ventriculostomía endoscópica, que crea una vía alternativa para el drenaje del líquido.
El seguimiento debe ser constante, ya que las derivaciones requieren revisiones periódicas y, en algunos casos, reemplazo.
Con diagnóstico temprano, tratamiento adecuado y controles regulares, muchas personas con hidrocefalia pueden llevar una vida activa y funcional.
El acompañamiento médico especializado es clave para prevenir complicaciones, mejorar la calidad de vida y asegurar un desarrollo saludable en niños afectados.
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Referencias
National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NINDS)
Mayo Clinic
Hydrocephalus Association